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西安城墙 (I)


La muralla de Xi'an, de 14km, rodea el centro de la ciudad y puede ser recorrida a pie, en bicicleta o en rickshaw.


Los fines de semana por la mañana no es raro ver a grupos de chinos maduritos que juegan a un tira y afloja con una cuerda de 10m de largo, yincanas, o karaoke espontáneo junto a South Gate (¿quién aporta el micro y la tele de 20kg con los subtítulos? Un misterio). Se puede hacer un tanto repetitiva, por lo que no es mala idea apearse por una de las rampas, y recorrer la "Ancient Street", plagada de puestos de artesanos de sellos ex libris, acuarelas, caligrafía (el pincel más grande tiene el tamaño de una escoba), paipáis y guerreros de terracota (gangas en función de tus habilidades para el regateo), así como utensilios de jade, de todo calibre y dudosa utilidad (no hay que perderse el "rodillo quita arrugas" ni la demostración de la vendedora).

Si estás buscando un hostal, es una zona apropiada, centrica y tranquila; no hay expatriado que se resista a los encantos de Park Qin, un clásico (¡en esta ciudad no se encuentra cerveza de grifo tan alegremente!). El Museo Beilin (o "bosque de estelas de piedra"), que también está en los alrededores, mejor dejarlo para expertos fanáticos de la escritura china sobre monolitos de dos metros. De lo contrario, mejor un tiro en la sien.

El epítome del paseo es la siguiente foto: entre el caos, el eterno griterío y el desorden, una ventana a un reducto de paz confuciano... (y en la esquina inferior derecha, yo.)

Hace un frío que corta el cutis (-8 ºC), esto yo no lo había sufrido nunca (ni siquiera aquella vez en que tuvimos que esperar al night bus en Londres durante una hora en febrero) y puedo afirmar que condiciona tu vida. Tanto es así que Jul y yo hemos tomado la decisión unánime de dejar la lección de "ir al banco y cambiar divisas" para otro día (去银行换钱).

La crisis nos afecta también a nosotros. Somos unos ilusos y dijimos "vamos a guardar una parte en euros, por si vuelve a subir". ¡Ja! Olvídense del "1 euro = 9.8 RMB". Ahora está en 8,6 RMB, y date con un canto en los dientes. El señor banquero nos va a dar 1000 yuan menos que si hubiéramos cambiado todo en septiembre. Cruel el destino, ¿eh? Menos mal que al 人人乐 de la puerta sur también ha llegado la C-R-I-S-I-S, y si anteayer un árbol de navidad de plástico de 80cm (bolas y guirnaldas incluidas) costaba 56 RMB, ayer lo habían rebajado a 34 RMB... Igual si espero al 20 de diciembre lo regalan con la mortadela en barra.

Con respecto al "belén": no sé cómo ni por qué acabamos una tarde con un bote de plastilinas de colores en nuestras manos, de esos que vienen con minicuchillos y moldes de estrellas de plástico. De nuestras manos salieron una virgen, un san José, un Jesusito con cara de Pablo Picapiedra y dos Reyes Magos incluso decentes aunque se les cayera la cabeza al suelo porque no tenían cuello. El proyecto avanzaba deprisa hasta que me fui de finde y cuando volví Génesis se había dedicado a fabricar un cerdo morado, un conejo diabólico fucsia y un burro naranja... "Es que sólo nos quedaban colores radioactivos". Vaya. Pues sí que nos va a quedar moderno este año.


China no iba a ser una excepción... mucho ex comunista, pero en los grandes centros comerciales poco han tardado en poner los villancicos y crear un espacio reservado a bombones en cajas de fantasía y lazos dorados. No voy a negar que me hacen sentir un poco más como en casa. Será una estupidez, pero aquí la gente lo que celebra es el Año Nuevo Chino, a finales de enero, y hay tantos chinos que celebran Navidad como españoles que festejan Acción de Gracias. Nada de luces en las calles. Nada comparable al despliegue de medios occidental. Ni El Corte Inglés ni Cortilandia ni zambomba ni turrón blando ni todo eso que habitualmente aborreces como un buen Grinch.

Lo dicho, nos acompañarán seguro el frío in(v/f)ernal, el paquete de pañuelos en el bolsillo y tal vez la nieve; nos faltará todo lo demás. Voy a pedir cita para que venga el espíritu de Dickens a visitarnos, para ver si entramos una vez en ambiente, digo.

Un día normal

Este es mi perrito. Bueno, en realidad es el perrito de una tienda de deportes de East Gate, pero pasamos a jugar con él de vez en cuando. Es demasiado mono para que nadie pueda comérselo, así que de momento estoy bastante tranquila.

El vídeo es de hace un mes; en la primera foto que le hice lo podías coger con una sola mano.

Para variar, una tarde de estudio en el Häagen-Dazs, que aquí es más que un puesto de helados, de la misma manera que Pizza Hut es un restaurante con camareros. Hay menú con postres más elaborados, sillones cómodos, gente mayor y respetable y precios cuasiparisinos (4 euros por un capuccino).
Después de pasar por el Bell Tower International Youth Hostel para intentar -en vano- informarnos sobre los tour a Tíbet, volvimos a casa con un taxista la mar de simpático. La aquí presente no sólo es una hablante de chinglish consumada sino que, volviendo en taxi anoche, el conductor se puso hablar conmigo y... ¡¡oh milagro!! Lo entendí. Sí, si, podéis reíros, pero creo que es mi conversación en chino más larga hasta la fecha. 你是那国人?你做什么工作?你喜欢中国吗?"¿De dónde eres? ¿A qué te dedicas? ¿Te gusta China?", y esa clase de banalidades que se pregunta a alguien que viene de la otra punta del mundo. Es curioso, porque los taxistas no suelen ser ni agradables ni parlanchines, pero éste dio coba durante todo el trayecto. Después de cuatro horas de clase diarias durante un mes, ¡se agradece ver que hay progreso! Él nos contó que él es musulmán, y que en Xian hay muchos (eso ya lo sabíamos), y se alegró mucho cuando Mehdi dijo que era marroquí. Todos contentos. Quien no se conforma es porque no quiere.

Luchar contra la morriña


(Fusión francochinoespañola en nuestra mesa: bolitas de verduras, tallarines fritos con soja y tofu, té verde)


Para sentirte a gusto dondequiera que sea hacen falta tres ingredientes:
  • Gente agradable
  • Limpiar a fondo la casa, equiparla y decorarla con chorradas para que se parezca a un hogar (que se lo digan a Pau y Bea con su zulillo parisino)
  • Comer como dios manda

El estómago impone su ley. Igual puedes pasar 48 horas despierto de fiesta, ahora espérate 48 horas a llevarte algo a la boca y lo más probable será que le muerdas un ojo a alguien (homenaje a Esther) de pura mala leche.

La primera noche en Xi'an, agotados y desorientados, sólo nos apetecía llenar el estómago y esperar a que llegara un nuevo día. Así fue como fuimos a parar a un establecimiento musulmán de la "East Gate" del campus de NWPU (Xi'an cuenta con la comunidad de chinos musulmanes más numerosa de china, incluso hay una mezquita) y descubrimos que la comida xianesa es, por definición, muy picante, y a menos que explícitamente pidas que no te echen especias, hasta a los amantes del chile les arde la boca (la cerveza NO ayuda a disipar el picor, aviso). Las brochetas de cordero cuestan 0,1 yuan (un céntimo de euro). Pero de todos los pequeños restaurantes de East Gate el que se lleva la palma en relación calidad-precio es el bautizado como "noodle place" (la casa de los tallarines):

Lo que se dice una auténtica gozada y una ganga y un regalo del cielo (cuando cerró durante 4 días por vacaciones toda la residencia estuvo a punto de amotinarse y hacer noche delante de la puerta; qué alivio cuando reabrió). Por 5 yuan tienes un plato enorme de tallarines chinos fritos con verduras y carne o tortilla francesa, y lo justo de especias. Vamos, que por un euro comes y bebes divinamente. Más barato que hacer la compra y cocinarte en casa. No obstante, no sólo de tallarines vive el hombre, y de ahí la ardua tarea de aprender a cocinar con la materia prima china. Otro día entraré en detalles sobre las marcas chinas y la carencia de productos "básicos" para cualquier occidental; hoy de momento os anuncio que hemos encontrado un supermercado con productos de importación, caros como ellos solos, pero que alegran la vista tanto como ver la bandera de la UE u oír por la calle a un turista español (el síndrome del expatriado). El nombre de ese paraíso gastronómico es Metro (a media hora en autobús del campus). Hay cervezas que no son Hans, botellas de alcohol de menos de 50º (el alcohol chino es un mataestómagos), pizzas congeladas, embutido, ketchup, Nivea, Pantene, desodorante (extremadamente difícil de encontrar en supermercados normales) y velas de cumpleaños pequeñas (otro concepto desconocido para los chinos, y eso que tartas sí que tienen).

(Solán de Cabras, Knorr, Colacao, Gallo y Carbonell)

Como decía antes, experimentar con las marcas chinas es un largo proceso de ensayo y error que requiere tener en stock marcas conocidas, por si la cosa se tuerce (sucede a menudo). Aunque muchas veces todo está escrito en caracteres chinos, los logos y envases de las marcas son fácilmente reconocibles (cuando vi los muñequitos del Colacao Turbo poco más y me pongo a llorar. ¡Lo más curioso es que yo nunca tomo leche con cacao en España!). El aceite de oliva lo reservamos para las ensaladas frías, malgastarlo en frituras es delito cuando cada botellita de medio litro cuesta 80 yuan (para eso están el aceite de girasol, de maíz, de pescado, de cacahuete...).

De momento, me he impuesto dos normas para asegurarme de que mi sentido del gusto también experimente China:

  • Comer TODO con palillos o con las manos (lo único que entrará en casa serán cucharas para los cereales y yogures).
  • No pisar McDonald's, KFC o Pizza Hut más de una vez al mes (la tentación es muy fuerte...).

Basta de soñar con colorante para paella y queso El Ventero: estoy en China con todas las consecuencias, ¡y menos ñoñerías!

Hace muy poco que empezamos a "centrarnos" en el viaje-mudanza e ir preparando cosas. Todavía no me he comprado la Lonely Planet (imprescindible o muy recomendable antes de poner un pie en cualquier país asiático) ni el libro de frases útiles chino-español/español-chino para ir tirando las primeras semanas. Los billetes ya están (1340 eurazos ida y vuelta, qué dolor), pero ahora queda lo peor: tramitar el visado. Piden todo lo siguiente:

  • Radiografía de tórax, análisis clínicos, electrocardiograma y no sé qué más, todo en un formulario médico firmado y sellado por el hospital (¿hola?).
  • Carta de invitación de la autoridad china (tenemos la copia escaneada, ahora NiuNiu Duplain, si hace el p*** favor, nos reenviará el original, porque nos lo piden).
  • Documento de admisión en la universidad de destino (para el visado de estudiante de 6 meses).
  • Fotos de carné, pasaporte en vigor, y muchos euribor.
  • Solicitud con apartados tan inteligentes como "Indique su nombre anterior. Indique su nacionalidad anterior". Me parece un guiño bonito al taoísmo/budismo, pero escribirlo en un formulario me parece pasarse...

Por supuesto, la parte más divertida es la de las vacunas "opcionales". Porque claro, como estoy doctorada en enfermedades infecciosas por la Universidad de la Vida soy lo suficientemente dueña de mi salud y sentido común para elegir cuál de las 10 vacunas recomendadas voy a ponerme. Depende de las zonas a las que se viaje, la duración de la estancia, pero ninguna es "obligatoria" para China, Hong Kong, Corea del Sur, Tailandia o Vietnam (una tiene que pensar en posibles escapadas vacacionales para llevarse la inyección puesta). De hecho, el Centro de Vacunación Internacional de Madrid no me pondrá ninguna de ellas porque no son países de "alto riesgo". Vamos, que encima me las voy a tener que comprar y pagar yo (ponérmelas no, pero casi). Ojo al dato:

  • Tétanos, polio (esas las llevo de serie)
  • Difteria
  • Fiebre tifoidea (ésta creo que la tengo)
  • Hepatitis A (me la pido)
  • Hepatitis B (síle)
  • Fiebre Amarilla (nole)
  • Paludismo (para Yunnan y Hainan) (nole)
  • Encefalitis japonesa (áreas rurales de Guangxi y Guizhou) (¿por qué japonesa si en Japón no la piden?)

Sin olvidarnos de la tuberculosis, un mono que te muerde y te pegue la rabia, los mosquitos del cólera, el dengue... En próximos episodios: Catástrofes naturales. Tifones y Terremotos.

El colmo de la sobredosis de información de mi hora para comer (con una completa guía de agosto 2008 de la IATA amablemente prestada por mi jefa -qué jefas más majas me han tocado hasta la fecha-) ha sido descubrir que Taiwán ya no se llama Taiwán: según Wikipedia, República de China (no debe confundirse con República Popular China); según IATA, "Chinese Taipei". ¿Alguien se imagina leer en la tapa de las pilas de un camión de juguete "Made in the Republic of China"? Ni de coña... La política propone, el pueblo dispone.

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