
En China Southern Airlines también nos dieron de comer y nos quedamos con ganas de probar algo que parecía leche y resultó ser zumo de coco (primera en la frente). El jetlag empezaba a hacer mella en nuestros cuerpos y creo que fui capaz de dormir un poco en el avión; para ser concreta, unos diez minutos. Al aterrizar no vi más que verdor y neblina.
On parle de Xi'an, en español, Shaanxi
La familia Fouilliart al completo nos despidió en Noisy le Roi, incluida Zoé.
La terminal E del CDG es mucho más agradable que la vieja. Air France me perdonó el kilo y pico de exceso, y lo que ahorramos lo gastamos en un burdeos para el tutor chino de Jul, Zhang (pronúnciese "yang").
- Una almohada sucia (sin plástico protector, no había más que acercar la nariz para querer matar a Air France)
- Una mantita limpia (esta sí, en una bolsa cerrada)
- Tapones para los oídos y antifaz desechable (¿veis? Nos aproximamos al confort)
- Pantalla individual con juegos, películas de estreno, música (generalmente mala) y, además, una fantástica opción para ver en directo el despegue y el aterrizaje gracias a una cámara instalada en el morro del avión.
- El menú: cena china o francesa y desayuno por la mañana. Bebidas ilimitadas (vino, champán, cerveza... ah, incluso bebidas no alcohólicas).
Me atrevo a decir que lo más entretenido es lo último. Que si ahora pido esto, luego lo otro, espera que pasan el pan, uy casi me como un trozo de plástico ¡ah no! es el filete... Un no parar. De la comida en los aviones no se puede esperar mucho, pero me sorprendí al encontrar comestible un 50% de lo que había en la bandeja de la cena (el 100% del desayuno). Con el estómago lleno, a las dos horas de vuelo, una luz divina (o el foco sobre mi cabeza) me iluminó. No iba de vacaciones. El cartel de "está saliendo usted de la zona Schengen" no era de atrezo y durante los próximos seis meses la metáfora de la bandeja y el 50% se aplicará a mi nevera llena de productos chinos y desconocidos. En ese momento decidí sacar las dos valerianas y ponerme otro vasito de tinto. Mano de santo.
On parle de Xi'an, en español, Shaanxi

(Chez les Fouilliart, Sep '06. ¿Me sacaréis en marzo la tabla de quesos?)
On parle de Madrid, depuis Paris, en español
Estaba soñando con dibujos animados cuando empecé a oír voces. "Dolores, Dolores". A mí nadie me llama Dolores a menos que tenga una buena razón y un seguro de vida y no me apetecía nada despertarme. Entreabrí los ojos un segundo para adivinar dos siluetas vestidas de blanco que apenas destacaban delante de la pared.
- ¿Sabes dónde estás?
- [con los ojos todavía cerrados] Hospital Carlos III, calle Sinesio Delgado número 10.
- ¿Código postal?
- No sé...
Llamémoslo aprensión. Me encantaría poder afirmar con conocimiento de causa que se trata de una reacción física al dolor, una bajada de tensión, de azúcar de potasio. A mi cuerpo no le guste que le inoculen sustancias o le extraigan sangre gratuitamente, pero está claro que a mi mente menos.
Me estuvieron abanicando 20 minutos e intentaron distraerme contándome historietas sobre sangre y cobardes y preguntándome por mis romanas y la pulsera-metro de Sara. Según su propia metáfora, la enfermera maja dijo que cada 5 minutos mi cara pasaba del color naranja al color blanco de mis gafas bicolor. Colacao, napolitana, y al taxi.
On parle des préparatifs, en español, on a bad hair day
Nos pasamos el día con China en la boca. Hoy me he parado a pensar en los chistes fáciles que puedo hacer para acompañar la noticia de que me voy, de por sí tan pintoresca e inusual que la gente se lo toma en broma: "Ah, que el mes que viene no puedes quedar porque te vas a China...". Apesta a excusa mala y colonia barata.
Las expresiones de base podrían ser las siguientes:
- Me ha tocado la china
- Engañar como un chino (no me queda claro si los chinos son los engañados o los que engañan)
- Eso es un trabajo de chinos (minucioso; piensa en un puzzle de 500 000 piezas y te haces una idea aproximada)
- Trabajar como un chino (trabajar mucho; aquí también existe la versión 2.1., "trabajar como un negro")
- No me cuentes cuentos chinos (la frase más oída en las terapias de pareja de medio mundo)
- Fumarse una china (si es una metonimia, no la entiendo, como la de llamar "chino" a un colador)
La conclusión es que los chinos están muy metidos en nuestro vocabulario y en nuestra casa (ponte a contar los objetos "made in China" y te asustas) casi sin darnos cuenta. Freud, muy probablemente, habría deducido que padecemos graves problemas de próstata. Eso se sabe aquí y en la China.
On parle de conneries, en español
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